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Fermín Muguruza: “Hay que combatir a gente como Nacho Cano, antes y ahora”

Info Libre

“Como me decía el otro día Antonio de la Torre, ya no se puede remar más a contracorriente que con esta película”, bromea Fermín Muguruza (Irún, 1963) en conversación con infoLibre con motivo del estreno este viernes en cines de Black is Beltza II: Ainhoa. “Una película de animación para adultos en euskera. Con mi firma, eso también, que muchas veces a alguna gente le da el canguelo y puede ser un handicap, aunque también pasa lo contrario, porque saben que va a haber un montón de seguidores que van a estar apoyando y defendiéndola, como hace cuatro años”.

Se refiere el músico y cineasta a la primera entrega de Black is Beltza, proyectada en medio centenar de festivales internacionales desde su estreno en 2018 y la “única película española de animación para adultos que ha querido Netflix“. A pesar de eso, denuncia Muguruza que la segunda parte se ha hecho en coproducción con el INCAA de Argentina, porque ni el ICAA ni RTVE en España han querido apoyarla: “Es muy significativo. Es una declaración de principios que nos dice ‘no queremos que hagáis este tipo de cine'”.

Después de su pre-estreno en el Velódromo de Anoeta ante 3.000 espectadores dentro del Festival de San Sebastián, Black is Beltza II: Ainhoa, desembarca este 30 de septiembre en salas de toda España. “No todas los que quisiéramos, pero tenemos una buena representación y vamos a defender cada cine como si fuera una barricada”, remarca Muguruza, recordando, de paso, que la película es el “acorazado Potemkin” de un proyecto transmedia más amplio que incluye también una banda sonora y un cómic (disponible el 6 de octubre con Reservoir Books en España y Latinoamérica).

La protagonista de la historia es en esta ocasión es, claro, Ainhoa, que nace de milagro en La Paz (Bolivia) tras la muerte de su madre en un supuesto atentado parapolicial. Crece en Cuba y en 1988, a los 21 años, comienza un viaje iniciático con el País Vasco como primer destino para conocer la tierra de su padre, Manex, protagonista de la primera entrega. Conoce a Josune, una periodista comprometida y su cuadrilla de amigas y amigos.

Cuando el novio de Josune muere por sobredosis de heroína, esta decide acompañar a Ainhoa en su viaje, que continúa por el Líbano, Afganistán y Marsella. Son los últimos años de la Guerra Fría y ambas se adentrarán en el oscuro mundo de las redes de narcotráfico y sus estrechos vínculos con las tramas políticas en un mundo en el que aparentemente los grandes conflictos están en vías de solución (la guerra Irak-Irán, Afganistán, la guerra civil del Líbano, el proceso de paz inminente en Argel entre ETA y el Gobierno Español), pero donde hay más capas de disputa de lo que parece.

“Como su padre en la primera parte, Ainhoa tiene otra vez esa idea del viaje, de no ser solamente una testigo pasiva de los acontecimientos, sino que se incluso se involucra y toma parte”, explica el cineasta sobre una trama que arranca a finales de los conflictivos años ochenta en Euskadi, retratados con toda su crudeza de represión policial en las calles, la introducción de la heroína y el miedo al sida. Con Kortatu como banda sonora que cantaba con la voz del propio Fermín lo que estaba ocurriendo desde su perspectiva.

“Para mí, es muy importante que se subraye el hecho de mi historia personal, porque yo vengo precisamente de hacer y contar una historia que no es la oficial“, explica, para luego añadir: “Los que nacimos en el franquismo no tuvimos adolescencia, pasamos de ser niños a ser jóvenes. Yo tenía doce años cuando Franco ordena los últimos fusilamientos de Txiqui y Otaegi. Con doce años ya sabíamos lo que es la represión. Conocíamos lo que es la policía franquista, la policía nazi, de un color. Cuando empezamos a ser jóvenes y a vivir en la calle, a esos policías les cambian de uniforme y pasa a ser la policía de la Transición, que eran exactamente los mismos, con la misma cadena de mando. Y peor. Los mismos los tenemos en la judicatura y la política”.

Y prosigue: “Como yo todo eso lo he vivido desde niño, puedo contar mi relato. Sé que mucha gente va a poner el grito en el cielo, pero yo tenía que contarlo así. Hay un montón de puntos de vista del relato. Por ejemplo, la lucha armada era uno de los grandes temas de discusión que teníamos. Hubo un momento que se hablaba de acción directa no violenta. En la misma cuadrilla discutíamos y se invertían los papeles de un día para otro porque no lo teníamos muy claro tampoco. Ha sido muy liberador contar todo esto”.

 

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Aunque ahora esté más centrado en el cine, Fermín Muguruza es una figura clave de los últimos cuarenta años historia musical en nuestro país, primero con Kortatu (1984-1988), después con Negu Gorriak (1990-2001) y finalmente en solitario hasta hoy. Cabeza de turco del mal llamado rock radical vasco, una etiqueta que no gusta a los propios músicos a los que pretende definir, si bien él concede, desde la perspectiva del presente, que “hubo un movimiento que no tenía solamente que ver con la música”, sino también con la realidad que estaban viviendo, “la creación de espacios autogestionados para que los jóvenes o la elaboración de fanzines”.

Todo un movimiento independiente que consiguió gran influencia también más allá del País Vasco y que ahora a Muguruza le parece “interesante” a pesar de que antes lo “denostaba y estaba en contra”. “Pero hubo otra manera de contar las cosas”, remarca, para luego denunciar que el rock radical vasco fue un “movimiento muy reprimido en frente de toda esa Movida madrileña” que quedó como el relato oficial de los mitificados años ochenta y con la que se fue “muy complaciente”.

“Nosotros tuvimos mucho contacto con gente de Madrid como Comando 9mm, Ana Curra y otros que se sintieron utilizados por la mercadotecnia. Por supuesto, no tuvimos ningún tipo de relación con Nacho Cano o gente así, que siempre nos pareció gente a la que había que combatir antes y a la que hay que seguir combatiendo ahora. Nacho Cano es una persona que está precisamente aquí en Madrid con Ayuso y todo esto, con todo lo que está diciendo… pues esa gente era la cara visible, la vanguardia de toda esa Movida”.

La música, siempre presente como arma de guerrilla. El rock de combate que preconizaban The Clash. La música, otro gran protagonista de Black is Beltza II: Ainhoa, no solo por la banda sonora, sino por cómo va llevando de un sitio a otro a los personajes, otorgándoles un necesario contexto sonoro, “incluso traduciendo en muchos casos parte de la letra de las canciones que tienen que ver” con la que cuenta la historia. Algo que lleva a Fermín, director y guionista de la cinta junto a Isa Campo y Harkaitz Cano, a “reivindicar el papel de los músicos, de la cultura en general como el arma más valiosa que tenemos para luchar contra el fascismo“.

“Mi hermano Iñigo, que falleció hace tres años, es una pieza clave de la película, recordando a Salvador Allende cuando dice que no hay revolución sin canciones, algo que también se dice al mencionar Te recuerdo Amanda de Víctor Jara“, remarca. “Yo quiero denunciar que los fascistas quieren callar la voz de los músicos”, recalca. Y remata: “A mí me han intentado censurar miles de veces, tuve un proceso judicial de ocho años –del que Negu Gorriak fueron finalmente absueltos tras ser denunciados por una canción por el teniente coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo–. Nos intentaron acallar y por eso se empujó hasta el delirio una movida como la que nos pasó. Nosotros estábamos completamente denostados por estar cantando la parte no oficial de la Transición“.

Otro punto a destacar de esta película es el reparto de voces de doblaje, que incluye a protagonistas como Maria Cruickshank, Itziar Ituño o Manex Fuchs, y que cuenta con actores y actrices tan populares como el antes mencionado Antonio de la Torre, Ariadna Gil o Gorka Otxoa. Un elenco importante que continúa la labor iniciada por el que participó en la primera parte, con nombres como Willy Toledo, Rossy de Palma, Emma Suárez, Óscar Jaenada o Jorge Perugorría.

“Antonio de la Torre me dijo hace tiempo que le llamara para la próxima película que hiciera y por supuesto que lo hice. Le dije que esta película iba dura y me respondió en plan pero que me estás contando, a mi no me provoques. Y se vino a grabar”, rememora entre risas, para luego comentar sobre su relación desde hace muchos años con Ariadna Gil: “A ella la conozco porque sus hermanos son Brighton 64, un grupo mod de Cataluña que me encanta. La primera película le encantó y se apuntó sin dudar a la segunda para poner a los policías franceses a raya”.

Siempre atento a lo que acontece en el planeta, termina Fermín confesando su “ilusión” por la victoria de la izquierda por primera vez en Colombia gracias a Gustavo Petro, en una América Latina que contrasta con la tendencia europea hacia la ultraderecha: “Qué desastre el devenir de la Historia en el mundo en general, pero estoy muy ilusionado con el vuelco que ha tenido un país como Colombia, que parecía que nunca lo podría tener”.

Y termina: “Eso sí, ahora estoy aquí en Madrid y el tema de conversación es qué está pasando en Italia. Mi representante [es de origen argentino] me ha dado permiso para contar algo que me ha dicho hace unos minutos. Me ha dicho, ‘¿y qué te parece lo que pueda pasarme a mí, que soy inmigrante lesbiana? Lo llevo crudo si sigue subiendo la ultraderecha’. Pues lo que me parece es que aquí nadie va a tocar a nadie porque vamos a seguir en la lucha. Aquí estamos nosotros, los vascos, las lesbianas, los inmigrantes, los nadie“.

Jatorrizko berria irakurri

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